Fases en el tratamiento de las adicciones

Dra. Elke Kort (kort@servidor.unam.mx)

 

   El método de psicoterapia con enfoque integral para pacientes adictos,  se puede dividir en tres fases. La fase 1 del tratamiento comprende la evaluación exhaustiva y el contrato terapéutico para alcanzar la abstinencia de las sustancias.  La fase 2 es el periodo de recuperación temprana (sobriedad) y la fase 3 la recuperación avanzada. Aunque las fases se pueden ver por pasos y en secuencia, es importante tener presente, que cada individuo progresa a un ritmo distinto, con base en su historia individual. Por eso, la actitud terapéutica necesita ser flexible, de acuerdo con las necesidades del paciente y de su fuerza yoica.  Para fines de este trabajo, se describe con mayor detalle las  fases 1 y  2 y de la siguientes fase se mencionan los elementos claves. Para profundizar sobre el tema se recomienda la lectura de la obra de Kaufmann, E. (1994).

 

Fase 1 del tratamiento

Evaluación

   La evaluación empieza con la entrevista diagnóstica. Con base en los datos obtenidos, se  trata lograr que el paciente se comprometa con un tratamiento apropiado y funcional. Durante cualquier  tratamiento psicoterapéutico, la evaluación es un proceso continuo. Con el paciente adicto hay que revalorar continuamente no solo su situación psicológica, sino sobretodo el compromiso con la abstinencia.

   Como primer paso se determina la naturaleza y el alcance del uso de sustancias, el aspecto médico  y psicológico; secuelas psicológicas directas e indirectas (brote psicótico, ideas e intentos suicidas, violencia, etc.). Se evalúan las circunstancias del consumo, su significado psicosocial y psicodinámico.  Se explora la motivación para el tratamiento, el por qué la búsqueda de ayuda en este momento preciso; experiencias previas de tratamiento (programa de Doce Pasos, psicoterapia, farmacoterapia, recaídas). Se averiguan posibles indicadores para recaídas (conductas compulsivas sin sustancias, como juego, sexualidad promiscua, bulimia, ejercicio extremo, violencia, automutilaciones, etc.).

     Examinar cómo obtiene el paciente el dinero para drogarse da muchas pistas, por ejemplo, cuando menciona actividades que pueden sugerir una personalidad antisocial, o ser francamente de alto riesgo y autodestructivas. Un contexto familiar de consumo habitual de sustancias,  implica mayor severidad de la enfermedad. También se examinan las relaciones sociales para saber si el ambiente de amigos, conocidos y compañeros de trabajo es de consumo y si existe alguna red de apoyo de personas no consumidoras.

    Se evalúa la psicopatología, los mecanismos de defensa y los desórdenes de personalidad. Se necesitan evaluar las consecuencias en situaciones específicas (empleo, relaciones familiares, divorcio, problemas financieros y legales, etc. ). Cuando el paciente esta instalado en la negación masiva y no relaciona las circunstancias desafortunadas de su vida con el abuso de sustancias, la confrontación tiene que ser gradual.  Se puede empezar con: ¿Cómo usa el alcohol? ¿Cómo afecta su uso de drogas a usted y a los que están cerca de usted?

    Se evalúan las secuelas médicas y sus complicaciones. Se utilizan estos datos para confrontar a los pacientes resistentes con la necesidad del tratamiento. Se le exige que acepte el tratamiento médico indicado para las complicaciones, como hipertensión, anemia, sífilis, hepatitis, SIDA. Todo lo relacionado con el tratamiento médico se vuelve también  parte del contrato terapéutico.

 

Motivación para la abstinencia y el tratamiento

   Es interesante recordar que durante los últimos 15 años los psicoterapeutas que trabajan con pacientes adictos, han insistido cada vez más en la abstinencia como pre-requisito para la psicoterapia.  Por eso, desde la evaluación se transmite al paciente la idea de que un tratamiento exitoso requiere que elija un método para reforzar su abstinencia. El clínico que está convencido que el programa de los Doce Pasos es el mejor método y al alcance del paciente en su comunidad, se lo debe de decir. Cuando fallan todos los métodos motivacionales, el paciente resistente puede ser candidato para una intervención formal.  

   Para la intervención se utiliza una técnica desarrollada en el Johnson Institute en Minneapolis, Minnesota. Se lleva acabo a través y con los miembros de la familia, siguiendo un esquema firme, en el que se manifiesta la preocupación de manera  afectuosa e incluye la puesta de límites y consecuencias si el adicto se niega a entrar en un tratamiento. A veces se invita a participar a  una persona ajena a la familia, por ejemplo al jefe del adicto.  Esta presencia y su apoyo concreto pueden llegar a ser suficientes para que la persona acepte y busque tratamiento.

    Se ha evaluado que adictos que entran a un tratamiento con motivación externa pueden terminarlo igual o mejor que pacientes que mencionan motivación interna. Esta contradicción no apoya a los terapeutas que dicen, que es imposible tratar a adictos que no tengan una motivación intrínseca.

 

Desintoxicación

   La desintoxicación y la estabilización durante por los menos algunos días debe llevarse acabo en un contexto hospitalario.

 

Lograr la abstinencia

   En un programa de tratamiento basado en el modelo Minnesota se da la orientación intensiva y la estabilización que requiere el paciente al inicio de su recuperación.  Establecer el método para no consumir sustancias es condición para poder hacer un contrato terapéutico. No se pide un compromiso de por vida, más bien se recomienda el enfoque del “solo por hoy”. Así, el paciente se compromete mantener la abstinencia por un solo día, pero lo renueve diariamente, usando los principios básicos del programa de los Doce Pasos.

 

Tratamiento de desórdenes psiquiátricos y déficit cognitivo

   El tratamiento farmacológico de enfermedades psiquiátricas primarias (desorden bipolar) es muchas veces tan esencial como la abstinencia de drogas y de alcohol. Déficits  y consecuencias cognitivas pueden desaparecer cuando se dejan de consumir las sustancias. La mejoría más rápido suele ocurrir durante las primeras 3 o 4 semanas. Sin embargo, el regreso máximo de todas las funciones puede tardar años.  Problemas agudos como intentos de suicidio y alucinaciones requieren de evaluación y tratamiento inmediato.

 

Desarrollo del contrato terapéutico

   El contrato no es un contrato firmado por el paciente. El terapeuta  necesita estructurarlo cómo si fuera un contrato escrito, para tenerlo presente como herramienta terapéutica durante el proceso de terapia. El paciente y los familiares deben estar de acuerdo con los elementos del contrato , después de haber explicado y entendido su sentido para el tratamiento.  A continuación se mencionan los elementos fundamentales para un contrato terapéutico:

1.      Acuerdo sobre cuándo, dónde y cómo llevar acabo la desintoxicación (si no se ha hecho).

2.      Acuerdo sobre cuál será el método para mantener la abstinencia después de la desintoxicación. Se pide la autorización al paciente para realizar pruebas de orina de manera azarosa.

3.      Acuerdo para atender las condiciones psiquiátricas (Eje I) o médicas (Eje III), por ejemplo tratamiento para el desorden bipolar; plan para tratamiento de epilepsia o diabetes; tratamientos indicados con medicamentos no adictivos.

4.      Acuerdo sobre la participación de la familia en el tratamiento (Al-Anon).

5.      Acuerdo sobre la participación de la familia en un programa educativo sobre el efecto de las drogas, el concepto de enfermedad, prevención de recaídas, etc.

6.      Acuerdo cómo organizar un “ambiente cotidiano” libre de drogas.

Nota: Al fallar en cumplir estas condiciones y colaborar, será imposible tratar al paciente en el consultorio.

 

Final  de la Fase 1

   La fase 1 termina para el paciente cuando no ha consumido sustancias por dos o tres semanas.  Además cuando ha tenido la oportunidad de cumplir con el contrato. Los pacientes que han estado en un programa intensivo terminan esta fase cuando se gradúan del programa estructurado, con aprox. cinco semanas de abstinencia de drogas y alcohol.

 

Fase 2 del Tratamiento

   La fase 2 inicia una vez acordado el contrato terapéutico. El foco inicial y principal son las estrategias y métodos para mantenerse libre de drogas y alcohol. De aquí hasta cumplir aproximadamente dos años en psicoterapia, el énfasis es en un trabajo bastante directivo, de apoyo, con técnicas cognitivo-conductuales, mucho más enfocado a la seguridad y al control, que a los procesos dinámicos profundos. En esta fase, los pacientes empiezan a desarrollar su autocuidado, la autoprotección para evitar caer en conductas autodestructivas  y sobretodo, en el uso de sustancias.

   Sin embargo, tener en mente la técnica psicodinámica ayuda, ya que siempre están presentes las conductas transferenciales, motivaciones inconscientes, acting out, sueños, fantasías y actitudes cotidianas maladaptativas.  Durante esta fase se despiertan respuestas contratransferenciales poderosas y el terapeuta necesita reconocerlas para manejarlas y usarlas en beneficio del tratamiento.  Sobre el manejo de aspectos contratransferenciales en situaciones terapéuticas específicas se refiere a un trabajo sobre este tema de la autora (Kort, Elke, 1995).

     Hay aspectos psicodinámicos centrales que se relacionan con la pérdida de control. Trabajar con ellos, cuando aparecen en la superficie, refuerza la alianza terapéutica, sostiene el trabajo, sin desmerecer el tema de la sobriedad. Se nombran los siguientes: estados afectivos negativos; eventos traumáticos, rasgos de personalidad, duelos no resueltos, detención en el desarrollo y negación persistente; aspectos sexuales, problemas de codependencia y aspectos psicodinámicos de la recaída. Recaídas  se definen aquí como  un periodo de uso de más de 24 horas, un episodio largo y destructivo e incluye el regreso a la negación ; resbalón  (slip) es el uso breve, menos de 24 horas, un episodio seguido por el regreso a la sobriedad y al cumplimiento  con el contrato terapéutico y/o programa.

 

Estrategias cognitivo-conductuales para mantener la sobriedad

   Mantener la sobriedad es la meta terapéutica durante la recuperación temprana. Se han descrito cinco pasos esenciales para la abstinencia de la cocaína, aunque son válidos para toda clase de adicciones:

1.      Educar sobre el rol de factores condicionantes que producen las recaídas. Identificar situaciones indirectas externas y sentimientos internos que disparan el deseo vehemente (craving) de consumir droga/alcohol. Desarrollar un plan de acción para evitarlas.

2.      Establecer una red de apoyo, una estructura diaria y rituales alternativos como sustitutos del uso de sustancias y actividades relacionadas.

3.      Desarrollar un plan de acción para manejar impulsos y el craving.

4.      Formular estrategias para evitar el abandono prematuro del tratamiento.

 

   Los factores desencadenantes suelen darse en cadena, identificables de la siguiente manera:

1.      Se genera estrés por cambios negativos o positivos en eventos de la vida.

2.      El estrés activa pensamientos negativos o positivos, estados de ánimo y sentimientos.

3.      Hay incapacidad para tolerar estos sentimientos, resultan en confusión, irritabilidad, depresión, discusión o estados hipomaniácos.

4.      Impotencia, reacciones impulsivas y excesivas, respuestas imprudentes que perpetúan y exacerban los problemas.

5.      Negación de la seriedad de los problemas, falla en reconocer las herramientas para la recuperación, o uso de manera incongruente o simulado.

6.      Abandono del grupo y de la terapia.

7.      Los problemas escalan, soluciones maladaptativas empeoran los problemas (por ejemplo, sustituir el alcohol o las anfetaminas por cocaína, sexualidad compulsiva, gastos excesivos, etc.).

8.      La persona se siente incapaz de manejarse a si misma.

9.      Preocupación y deseo aumentan, la droga aparece como única solución para sentir alivio.

10. Aislamiento, alejamiento de la red de apoyo, frustración, desesperación, preocupación obsesiva por las sustancias.

11. Craving irresistible. Se usan una o más sustancias.  El círculo se cierra.

 

   Esta progresión se puede detener rápidamente cuando la persona se mueve entre los puntos 1 y 6, ya sea en el grupo o en terapia. Más difícil resulta detener la escalada entre los puntos 7 y 9. Llegando al punto 10, a lo mejor el internamiento se vuelve necesario para evitar la recaída. El deseo psicológico (craving) por la coca es muy poderoso, fácilmente se dispara con un mínimo de estímulo y provoca la recaída.

 

   Se han dividido los “disparadores” (estímulos) en tres tipos:

1.      Los que deben ser evitados desde un principio (otros adictos, dealers, bares).

2.      Los que no se pueden evitar (pérdidas, muertes, calmantes médicos, estrés, depresión, enojo).

3.      Los que se deben de evitar al inicio, pero empezar a manejar en algún momento (sexo, relaciones íntimas, cambios por el ciclo vital, cambio a situaciones mas demandantes en el trabajo, etc.).

 

El papel del terapeuta en la fase 2

   El paciente aprende a comprender y expresar apropiadamente sus emociones. Se le ayuda a saber cómo nombrar a sus afectos, a explicarlos para desarrollar la función observadora del yo. Se enseña cómo entender los afectos como señales y cómo tolerar los dolorosos. La fase 2 del tratamiento se centra en la comprensión y expresión de sentimientos y se mantiene el énfasis en el alejamiento de los disparadores del tipo 1.  En esta fase se recomienda esperar el año de sobriedad/terapia, antes de hacer cambios importantes en la vida.

     Conforme progresa en la fase 2, el paciente empieza a moverse de los controles conductuales externos hacia la internalización. Aprende a reconocer la ansiedad y otros estados internos de malestar y a reflexionar antes de actuar. Al principio los pacientes recurren a utilizar los lemas de AA de manera automática, después pasan a un examen más crítico de sí mismos, a insights individualizados y reacciones más sofisticadas para manejar las situaciones de su vida y controlar sus conductas. El terapeuta apoya inicialmente la búsqueda de múltiples objetos de dependencia. Esta dependencia no se analiza hasta que la sobriedad esté asegurada. Se elabora la transferencia con otros, antes que la transferencia con el terapeuta (por ejemplo, imagen escindida del padrino: salvador divino o tirano terrible).

   También existe la meta de sustituir actividades por conductas que mantengan la sobriedad. Objetos y conductas sustitutas que sean menos destructivos son útiles y no deberían ser confrontadas (dependencia de la nicotina se tolera, ya que la irritabilidad y el craving puede llevar a buscar la droga/alcohol).  El terapeuta debe sugerir que el paciente realice actividades alternativas, como ejercicio regular, actividades creativas y recreativas, de aprendizaje, etc. Esto no solo minimiza las pérdidas (droga, amistades, actividades relacionadas) sino apoya la búsqueda de una vida más sana en general.  Durante esta fase, no se confrontan las defensas demasiado pronto, ni tampoco se remueven prematuramente. Las intervenciones terapéuticas que serán apropiadas más tarde, pueden resultar inapropiadas durante la fase inicial de sobriedad.

    Trabajar conflictos intrapsíquicos  desde el enfoque dinámico puede ayudar al paciente a acercarse a los planteamientos de los principios de Alcohólicos Anónimos (AA). Por ejemplo, conflictos no resueltos sobre temas como omnipotencia, narcisismo, poder, control o dependencia pueden estar en el fondo, cuando un paciente que asiste a AA no obtiene un padrino o no aproveche lo que le puede ofrecer el grupo. La terapia psicodinámica de estos conflictos puede ayudar al paciente a aceptar los principios y la práctica de los grupos con menor resistencia. Ball, S.A. y otros (1996) publicaron un interesante artículo donde parten de las aportaciones de Margaret Mahler y cols., Describen como en las diferentes fases de la psicoterapia con el adicto se dan las transiciones que se pueden observar en el desarrollo psicológico infantil,  desde una base segura hasta  la ejercitación y exploración autónoma del mundo.  Para revisar cómo se entienden y complementan los aspectos terapéuticos con el trabajo de los Doce Pasos en la fase 2 del tratamiento, se refiere al excelente trabajo de Kaufman, E., mencionado en la bibliografía de este trabajo.

 

Fase 3 del Tratamiento: Recuperación avanzada (Intimidad y Autonomía)

   Brevemente se menciona, que en esta fase avanzada se cambian las técnicas cognitiva-conductuales por la psicoterapia de orientación dinámica para trabajar hacia cambios más profundos de la personalidad. Esto puede significar un cambio de terapeuta. El objetivo principal en esta fase es ayudar a que el paciente alcance relaciones íntimas y pueda funcionar de manera independiente ya no fusionado. Mientras se mantenga el énfasis en la sobriedad, se puede trabajar con distintas técnicas psicodinámicas, o con la integración de estas. Sin embargo, es importante recordar que cualquier enfoque requiere de modificaciones para trabajar de manera más interactiva que  tradicional y neutral. Se sugiere revisar el libro de Kernberg, O.E. y cols. (1995) sobre la psicoterapia psicodinámica del paciente limítrofe, ya que sus recomendaciones son aplicables al trabajo con pacientes adictos en esta fase de recuperación.

 

Bibliografía

Ball, S.A., Legow, N.E. (1996) Attachment Theory as a Working Model for the Therapist

       Transitioning from Early to Later Rocovery Sustance Abuse Treatment. Am J Drug

       Alcohol Abuse. 22 (4), 533-547.

Kaufman, E. (1994). Psychotherapy of Addicted Persons. The Guilford Press: New York.

Kernberg, O.E. (1995). Psicoterapia psicodinámica del paciente limítrofe. Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.: México, D.F.

Kort, Elke (1995). La contratransferencia en el trabajo psicoterapéutico con pacientes con trastorno por estrés postraumático. México: UNAM-Facultad de Medicina. Tesina de Posgrado en Psicoanálisis inedita.