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Terapia
individual con el paciente adicto a sustancias
Dra. Elke Kort (kort@servidor.unam.mx)
Introducción
El trabajo terapéutico con
el adicto en el consultorio es un reto tanto para el
paciente como para el terapeuta. La decisión, bajo qué
condiciones aceptar al paciente en tratamiento, depende
de la postura que adopte el clínico y actualmente, los
terapeutas suelen tener dos (Washton, A.M., 1995). Unos
consideran requisito, que el paciente esté altamente
motivado, dispuesto a cooperar y dejar de consumir
cualquier sustancia antes de iniciar el tratamiento.
Desde la otra postura, no se exige
al paciente al inicio del tratamiento la abstinencia
completa. Esto significa, que antes de un tratamiento
formal, el terapeuta hace una labor preparatoria
legítima y valiosa, que consiste en clarificar la
ambivalencia y la resistencia del adicto al compromiso y
a la sobriedad. Se basa en el razonamiento, que una
persona que pide ayuda por su adicción merece ser
atendida con genuina aceptación de manera no punitiva,
con una actitud libre de juicio. Por lo tanto, se
convierte en tarea terapéutica inicial, dirigirse
explícitamente a la ambivalencia de vivir sin la droga.
Los aspectos a tratar incluyen el miedo a abandonar la
sustancia, el duelo por la pérdida, la pérdida de la
identidad, encontrar una nueva manera de vivir y
establecer metas realistas para el futuro. Se pretende
que la persona se sienta entendida y lo suficientemente
segura antes de emprender un tratamiento. Si no deja de
consumir la sustancia inmediatamente, se planea la
abstinencia como meta hacia la cual trabajar. Desde
luego, esto no quiere decir, que las eventualidades no
sean previstas o que el uso de sustancias sea tolerado
sin límite. Explícitamente debe haber plazos que venzan
y estrategias claras a seguir.
Una vez establecida una alianza de
trabajo, de mutuo acuerdo se desarrolla el plan a
seguir, el contrato terapéutico. Por ejemplo, cuando
dentro de un plazo acordado, el paciente no puede dejar
la droga, aunque participe en un grupo de autoayuda (AA/NA),
se compromete a asistir a un programa de rehabilitación
en una clínica. Una vez concluida su estancia, podrá
regresar a terapia para trabajar en la siguiente fase de
su recuperación.
La resistencia
Los pacientes adictos se
describen como resistentes. Aunque esto tiene un
significado distinto para cada persona generalmente se
dice, sin dar ninguna explicación en función de la
historia individual. Desafortunadamente suele llevar
implícito un juicio negativo. Para la terapia es
fundamental preguntarse, cómo hacer para trabajar con la
resistencia y no en contra de ella. Washton, A.M.
(1995) resalta que es importante tener estrategias
claras. Si no, a mayor fuerza del terapeuta en contra
las drogas, mayor resistencia del paciente, con el
riesgo que se compacte la adicción. Desde luego, el
terapeuta aboga por la sobriedad y todo el mundo,
incluyendo al paciente, lo sabe. De hecho, por eso viene
a buscar ayuda.
A continuación se describen cinco
estrategias propuestas por Washton, A.M. (1995) para
vencer dificultades terapéuticas en el manejo de la
resistencia:
1.
Es
importante que el terapeuta recuerde, que el paciente
sintió efectivamente alguna vez, que drogarse le era
útil, necesario o bueno. Esto es un tema a hablar con
el paciente. Se necesita entablar la discusión que
permita ver ambos polos de sus experiencias. Se debe
personalizar, ubicar las vivencias en el contexto de
vida de cada adicto.
2.
Por todos
los medios el terapeuta debe evitar caer en disputas.
Por ejemplo, cuando el paciente dice: No soy
alcohólico. El terapeuta podría contestar: Quizás no lo
sea, hablemos de lo que lo trajo conmigo.
3.
El
terapeuta debe aliarse a la resistencia. Cuando se va
del lado del argumento del paciente, este podrá
cambiarse al lado que queda libre. Frecuentemente, así
sorprende al paciente y logra que escuche. El terapeuta
debe cuidar que no suene sarcástico, manipulador o
artificial.
4.
Hacer el
conflicto explícito y consciente, lo que otros autores
llaman crear una disonancia cognitiva o poner a la luz
contradicciones. Se trata obtener conciencia sobre
cómo la adicción interfiere con planes y deseos. Por
ejemplo, al hablar sobre ellos y el futuro y cómo se
lograrían, el paciente puede llegar a relacionar los
fracasos del pasado con la adicción. Esto ayuda a
verbalizar cómo las drogas crean problemas en la vida y
a reconocer lo que se negó anteriormente.
5.
Reconocer
dónde está ubicado el paciente. Así se evita discutir y
diagnosticar. Cuando el paciente llega a la sesión a
hablar de su soledad, que lo hable. Tanto el paciente
como el terapeuta llegarán a hablar de la droga, pero es
útil empezar con lo que el paciente siente como
importante y trabajar desde allí. Es terrible sentirse
solo, tener problemas en el trabajo y la meta de la
terapia es mejorar todo esto. El terapeuta puede aceptar
esta meta y sugerir al paciente a asomarse a lo que esta
pasando para entender si lo que está sucediendo eterniza
las dificultades.
El inicio del tratamiento
Consideraciones generales
Existe consenso entre los
clínicos e investigadores, que los enfoques
psicoterapéuticos psicodinámicos, para ser efectivos en
el tratamiento del adicto en su primera fase de
recuperación, requieren de modificaciones sustanciales y
de integración con otras técnicas. Se recomienda la
revisión del capítulo de Zweben en la obra de Washton,
A.M. (1995), donde describe con detalle cómo los
clínicos modifican sus técnicas y las combinan con otros
elementos del tratamiento. De esto es un ejemplo la
combinación entre la participación con el programa de
los Doce Pasos (Alcohólicos Anónimos) y el trabajo
terapéutico con técnicas orientadas al insight psicodinámico.
Otra aportación son los estudios realizados por Woody y
cols. (1983) y Resnick y cols. (1981) que documentan
cómo los métodos psicoterapéuticos benefician también
a los pacientes adictos que reciben tratamiento
farmacólogico.
Otro desarrollo, que enfatiza la
importancia de la psicoterapia en el tratamiento de
adictos, es la atención dirigida a las necesidades de
los pacientes con diagnóstico dual. Los programas de
tratamiento como el modelo Minnesota no fueron planeados
para pacientes adictos con psicopatología coexistente.
La psicoterapia puede apoyar considerablemente el
tratamiento de los desórdenes agudos concomitantes del
Eje I (DSM-IV) y del Eje II, que son frecuentes en esta
población.
Consideraciones específicas
Cuando un paciente acepta
que necesita ayuda, hay que pensar un plan de
tratamiento que provoque resistencia mínima y tenga
probabilidades máximas de éxito (Washton, A.M., 1995).
Para eso, el terapeuta toma en cuenta que los grupos son
muy recomendables, que la terapia individual es buena,
el trabajo con la familia es importante y el compromiso
con un programa de los Doce Pasos (AA/NA) esencial.
Pero es igualmente importante, escuchar al paciente y
entender cuáles son sus sentimientos o deseos. Algunos
pacientes están dispuestos a entrar al programa de
abstinencia total, otros no. Hay que hablarlo. Se
inician sesiones individuales donde el paciente puede
hablar sobre sus sentimientos acerca del ingreso a un
grupo.
Hay terapeutas que despiden al
paciente que no accede a cooperar de lleno en el
programa completo. Los pacientes adictos esperan esta
reacción e incluso tratan de provocarla. Están
acostumbrados a ser tratados como niños malos en
problemas, que no cooperan. El autoconcepto negativo y
la creencia de ser básicamente malos, hacen que esperan
el castigo. Abandono, rechazo y censura son las
vivencias conocidas. Cuando, en cambio, se propone al
paciente que antes que nada se le va a ayudar a
identificar sus miedos para que después pueda participar
de manera constructiva en su plan de tratamiento, él
ayudar, para que se le pueda ayudar, esto suele ser una
experiencia nueva. El terapeuta necesita encontrar el
equilibrio entre ser demasiado y suficientemente
directivo, para propiciar y guiar el inicio del
proceso. Como terapeuta con algo de experiencia se sabe
lo que funciona. Al paciente se le dan sugerencias que
se explican y a partir de un acuerdo se propone un plan.
La necesidad y razón para hacerlo así, parecen obvios,
sin embargo, no siempre se hace y desafortunadamente
pacientes potenciales pierden un tratamiento por falta
de una preparación inteligente por parte del clínico
que respete sus limitaciones.
Un punto difícil es la abstinencia
total e inmediata. Una postura sensata y basada en
experiencia clínica y de investigación (Washton, A.M.,
1995) es la que permite que la persona, antes de iniciar
el proceso terapéutico formal, encuentre su propio
camino a la sobriedad (dentro de límites razonables y
desde luego, sin arriesgar la salud o la seguridad). Los
terapeutas pueden negociar un periodo de abstinencia a
prueba, bajar el consumo, moderar, etc. Por ejemplo, si
alguien está convencido que puede beber de manera
moderada, el terapeuta puede sugerir que haga la prueba,
pero que se observe y que traiga sus experiencias a la
siguiente sesión. Entrar en una discusión probablemente
haga que se pierda al paciente que se trata de motivar.
Esto es distinto a defender el beber controlado. Es una
manera de ayudar al paciente a convencerse, motivarse
para iniciar el tratamiento. No se ignora el consumo de
sustancias durante el periodo a prueba. Explícitamente
se hace tema a discutir, se habla sobre qué se siente al
no usar y las consecuencias al usar.
La manifestación de la ambivalencia
es otro aspecto al que debe adelantarse el terapeuta,
sobretodo cuando está frente a un paciente que esta de
acuerdo en todo. Posiblemente no regrese. Pedir al
paciente que hable sobre sus dudas como algo razonable y
normal, que se espera y acepta, ayuda a que el paciente
no actúe y se aleje.
Otra parte del proceso es la
anticipación del duelo. Hay múltiples pérdidas, como la
droga y sus efectos, los amigos, las actividades, la
identidad como alguien que se droga y toma. Las
pérdidas hay que reconocerlas y elaborar el duelo. Al
anticiparlo y hablarlo se puede incrementar la
motivación y disposición al tratamiento. Hay que
recordar que la primera fase del duelo es la negación,
que a la vez, es la defensa primaria del adicto. Aquí
el terapeuta debe mantener el equilibrio delicado entre
ayudar al paciente a manejar la negación como parte de
cualquier experiencia de duelo y simultáneamente
confrontar la negación con la que defiende el uso de
sustancias y sus consecuencias.
Frecuentemente, los adictos tienen un
pensamiento aterrador acerca de su identidad. Si ya no
soy adicto ¿quién seré o quién soy? Existe un miedo
interno tremendo, que hacia afuera se maneja con
grandiosidad defensiva. Muchos se han sentido fracasados
durante toda su vida, sufren por el sentido narcisista
de vacío, de un sentido del self vulnerable y han
establecido una identidad a través de la adicción. Por
eso hay una gran resistencia a cambiar.
Se termina este apartado con
la siguiente reflexión: Sesiones terapéuticas en
general, suelen iniciar con el tema que trae el
paciente. Por alguna razón, cuando se trata del
paciente adicto, esto se vuelve excepción. Parece que el
terapeuta se siente ante una emergencia. Consumir drogas
es una conducta que amenaza la vida. El terapeuta la
quiere parar, se le ha enseñado, y piensa, que si no la
confronta e interviene inmediatamente, algo hace mal.
Pensándolo un poco, parece que esta actitud no solo se
relaciona con el fenómeno clínico en sí, sino con
dificultades del terapeuta, como el manejo de la
contratransferencia, el miedo a la adicción y también
la necesidad de control y castigo.
Bibliografía
Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales, DSM-IV (1995).
Masson, S.A.: España.
Resnick, R.B., Washton, A.M., & Stone-Washton,
N. (1981). Psychotherapy and naltrexone on opioid
dependence. In L.S.Harris (Ed.), Problems of drug
dependence, 1980 (NIDA Research Monograph No. 34, pp.
109-115). Rockville, MD: National Institute on Drug
Abuse.
Washton, A.M. (1989).
La adicción a la cocaína. Tratamiento,
recuperación y prevención. Editorial Paidós: Barcelona,
España.
Washton, A.M. (1995). Psychotherapy and
Substance Abuse. A Practitioner´s Handbook. The Guilford
Press: New York.
Woody, G.E., Luborsky, L., McLellan, A.T.,
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addicts: Does it help?
Archives of General Psychiatry, 40,
639-645. |