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Distintos niveles profesionales en el trabajo
terapéutico en el campo de las adicciones
Dra. Elke Kort (kort@servidor.unam.mx)
Como en todos los campos
de trabajo, las personas en el área de la rehabilitación
de adictos, tienen distintos niveles de formación
profesional. Frecuentemente, en instituciones dedicadas
al tratamiento de las adicciones, se generan
dificultades y desgastes particulares por esta razón.
Cuando las autoridades de los centros de rehabilitación
no tienen políticas claras y si las tienen no las
manejan con congruencia clínica, sino con criterios
distintos (económicos, con dudas sobre si contratar
solo personal rehabilitado, si solo profesionales sin
adicciones, cómo justificar sueldos distintos, etc. )
puede haber confusión entre los profesionales..
Invariablemente aparecen preguntas y dificultades, a
veces menores, otras veces mayores: ¿Quién debe o puede
hacer qué y cómo? ¿La experiencia vivencial del personal
adicto en recuperación, es más importante que la técnica
y el entrenamiento profesional del terapeuta no adicto?
¿Cuándo y hasta dónde debe participar el adicto en
recuperación como terapeuta para-profesional o
consejero?
Revisando los reportes en la
literatura pertinente y viviendo la práctica, se consta
que ha sido y actualmente sigue siendo complicado,
lograr equipos multiprofesionales, donde cada uno pueda
trabajar con calidad humana y profesional, a distintos
niveles, claramente delimitados en función de la
formación y experiencia, sin estrés y lucha por el poder
que finalmente resulta en perjuicio del paciente, del
mismo terapeuta (burn-out) y de la institución.
Hasta ahora, no existe una sola
respuesta para el éxito en el trabajo con los adictos,
ni desde el punto de vista del tratamiento, ni tampoco
desde la conformación del equipo profesional. Se
plantea como ideal un equipo global, que aprovecha la
complementariedad (Vient,
L.M., 1973).
Regresando a lo que originalmente
se planteó en las propuestas del modelo Minnesota (Anderson,
D.J., 1981; Kort, Elke 1998), los criterios para
seleccionar entre los miembros de la comunidad
consejeros o terapeutas para-profesionales no son
complicados. Se pueden escoger tanto hombres como
mujeres. Se estipula como requisito un mínimo de cinco
años de sobriedad continua. El candidato escogido debe
ser un miembro activo y respetado en la comunidad de
Alcohólicos/Narcóticos Anónimo. Algunas personas en
recuperación no deberían involucrarse en tratamientos.
No todos pero algunos, defienden la posición, que su
experiencia con la enfermedad y cómo los afectó, su
recuperación personal, los hace expertos y saben todo.
Obviamente, son dogmáticos, autoritarios y como recurso
terapéutico dan consejos al paciente.
El para-profesional necesita
poseer la habilidad de relajar a los pacientes,
establecer rapport y al mismo tiempo sentirse cómodo con
los profesionales. Aunque no tenga un entrenamiento
profesional completo hace un trabajo muy importante con
conciencia de su limitación. Es fundamental que el
consejero no pierda, adultere o disfrace los valores que
encontró en el programa de AA. Si no cree en lo que dice
sobre la efectividad del programa de AA, sería honesto
irse.
¿Cuál es el lugar del consejero
recuperado en el proceso de tratamiento, ya sea en un
grupo externo o en el ambiente clínico cerrado? Al
iniciar un programa de rehabilitación hay que atender
las necesidades inmediatas: La desintoxicación médica, y
el manejo de aspectos físicos agudos. Al mismo tiempo el
paciente requiere de personas o alguna persona para
relacionarse, sentirse incondicionalmente aceptado,
comprendido para ventilar sus sentimientos, su
confusión, sus miedos y dudas, en general, expresar lo
que siente.
El para-profesional tiene aquí su
tarea fundamental, ya que rápidamente sabe cómo ponerse
en contacto con el paciente, entiende dónde se encuentra
intelectual y emocionalmente. Con la experiencia de
primera mano, se ubica en el sistema de
racionalizaciones del adicto y le sirve de vivo modelo
de una persona recuperada. El paciente suele aceptar más
fácilmente la ayuda ofrecida por un ex adicto. Así se
saltan a veces las barreras que parecen insuperables
entre un adicto y un terapeuta académico. La
identificación al nivel de experiencias reales se vuelve
lo importante. El hecho de ser adicto en recuperación es
de gran ayuda en el momento inicial y otros, pero no
suficiente para mantener vivo un proceso terapéutico a
largo plazo.
Los terapeutas no adictos
deberían ser seleccionadas en función de sus actitudes.
Las cualidades personales requeridas son las mismas para
ambos niveles profesionales, es decir, tener fe viva en
la posibilidad de cambio, entusiasmo y dedicación para
una tarea difícil; honestidad, firmeza, autenticidad y
todo esto templado con empatía, comprensión e
imparcialidad. La falta de técnicas y conocimiento
clínico del adicto recuperado debe ser complementado
mediante entrenamiento, apoyo y supervisión continua.
Al inicio de su carrera, muchos
profesionales, igual que los para-profesionales y
miembros de AA suelen ser poco susceptibles a nuevas
enseñanzas. A veces es necesario que seque la tinta
sobre diplomas o pergaminos. Cuando el profesional posee
una perspicacia excepcional, esto puede llevarle dos
años y 24 meses, si no es tan agudo. El para-profesional
necesita este mismo tiempo para perder su absolutismo,
el sentirse en la liga mayor y darse cuenta que hay una
diferencia entre ganarse la vida como consejero y el
trabajo de los Doce Pasos. Solo así podrá determinar si
él es apto para el trabajo terapéutico, o si éste es
apropiado para él.
¿Cómo entender, aprovechar y apoyar
los distintos niveles profesionales en el ambiente
clínico? Powell, D.J. (1993) propone un esquema de
supervisión que parte del nivel de entrenamiento, la
experiencia y la pericia del terapeuta. El autor señala
que la vida terapéutica se desarrolla a lo largo de tres
etapas, es decir, la niñez, la adolescencia y la
madurez. Esto no quiere decir, que todos los
profesionales lleguen al nivel adulto en el quehacer
terapéutico, algunos no pasan de nivel por distintas
razones, entre éstas la formación, situaciones
personales y/o circunstanciales. A continuación, con
énfasis en el nivel inicial, se describen las
características terapéuticas sobresalientes en los tres
niveles con la idea de resaltar para ejemplificar, y no
olvidar que existen matices que obviamente se traslapan
en los distintos niveles.
Niveles de desarrollo del terapeuta
Para fines de este trabajo
se destaca el nivel 1 (nivel inicial) del terapeuta y
solo se mencionan los demás. Para una amplia revisión
del tema se refiere a la obra publicada por Powell, D.J.
(1993).
Nivel 1. Los terapeutas del nivel 1 se distinguen de los
otros niveles en relación a la fuerza yoica, la
experiencia de trabajo, cualidades afectivas y
habilidades de trabajo. Normalmente todavía no han
logrado el acomodo entre sus características de
personalidad y cómo éstas afectan su práctica
profesional. En muchos casos dominan como puntos de
referencia, sus antecedentes y experiencias de
recuperación.
Es verdad trillada que personas que
entran a profesiones que ayudan, quieren ayudar a otros
y aveces también a si mismos. En el campo del
alcoholismo y las drogas, el compromiso se refuerza
frecuentemente con experiencias personales o familiares
de abuso de sustancias. Estas vivencias, que contribuyen
a una comprensión y dedicación mayor, pueden generar
consecuencias contratransferenciales que se manifiestan
en la realidad de la práctica clínica y se deben
elaborar bajo supervisión. El terapeuta inicial empieza
su carrera con entusiasmo y, a veces con misión de
salvador. Desafortunadamente, el entusiasmo puede ser
seguido por expectativas frustradas, el primer paso en
el camino hacia el desgaste (burn-out) terapéutico. Para
evitarla, la supervisión le ayuda a domar su entusiasmo
y moderar sus expectativas.
Estructuras: Como aspectos estructurales se han
identificado la autonomía, el conocimiento de sí
mismo/de los demás y la motivación. El terapeuta del
nivel inicial muestra las siguientes características:
1.
Altamente dependiente de otros. Imita al
maestro y espera recibir las respuestas “claves o
correctas”. Visualiza al supervisor como “sabelotodo”.
Pide recomendaciones y las transforma en recetas para
así aplicarlas, sin criterio clínico. Adopta un estilo
terapéutico mecanizado.
2.
Falta de conocimiento de si mismo/de los
demás. Existe conciencia pero no conocimiento de si
mismo. Enfoca todo sobre si mismo, con el mundo girando
alrededor de sus necesidades. Tiene un concepto de sí
mismo bajo y falta de confianza en su repertorio
clínico. Le preocupa ser “evaluado”, ¿cómo me ve? y
perseguido por el supervisor. La observación directa,
las video- y audiograbaciones causan intensa ansiedad.
3.
Pensamiento categórico. La comprensión de
las diferencias individuales de cada paciente es rígida
y estereotipada. Las descripciones constan de una o dos
frases (por ej., vacio espiritual) con conceptualización
mínima. Anécdotas sustituyen el análisis.
4.
Altamente motivado y comprometido con el
trabajo. Presionado por una combinación de idealización,
expectativas poco realistas, pensamiento mágico-fanático
y ansiedades acerca de su competencia clínica, el
terapeuta está decidido realizar un buen trabajo.
Descripción: Existe varios aspectos importantes y
también particulares para el campo de las adicciones,
como por ejemplo, el uso apropiado de la confrontación
y la autorevelación. Otro tema es la necesidad de
desarrollar habilidades básicas de evaluación. Con la
tendencia de conceptualizar en términos de categorías
simplificadas y sin tener un marco de referencia
desarrollado, los terapeutas del nivel 1 proyectan su
propia experiencia en los demás. Cuando se da el caso,
todos los pacientes les recuerdan como estuvieron ellos
en su periodo de actividad. Hay la tendencia de formular
conceptos clíncos en base a clichés y un solo aspecto de
la historia del paciente, ...”todos los pacientes en la
fase inicial de su recuperación...” Se sacan grandes
conclusiones a partir de información mínima y
fragmentada del cuadro clínico completo, así como se
usan expresiones del paciente fuera de contexto. Las
conceptualizaciones son simples y unidimensionales: el
paciente es sociopático, borderline (con pánico
homosexual) o codependiente. Los terapeutas del nivel 1
son susceptibles a generalizaciones, como está que
afirma que el 95 % de todos los pacientes son
codependientes y el resto está en negación.
El paso del terapeuta del
nivel inicial al siguiente, se posibilita con un
trabajo sistemático de supervisión. Se aprende a
coleccionar un rango amplio de información relevante,
para integrarla a un marco teórico que fundamenta la
programación de la terapia. La lista a continuación
resume los aspectos a trabajar en la supervisión:
Terapeuta Nivel 1: Tareas para la
supervisión
·
Explorar distintas orientaciones
teóricas.
·
Tomar en cuenta y aprender a manejar la
ansiedad propia.
·
Alentar la autonomía.
·
Fomentar tomar riesgos.
·
Exponerse a explorar modelos diferentes.
·
Introducir ambigüedad.
·
Equilibrar apoyo e incertidumbre.
·
Usar role playing y respresentaciones.
·
Ayudar a conceptualizar.
·
Dirigirse primero a las fortalezas.
·
No ejercer demasiado control.
·
Conocer los estilos de aprendizaje:
Ensayo y
error
Nivel de
conceptualización (concreto – abstracto)
Procesamiento oral o escrito
Para finalizar este apartado
sobre el Nivel 1 del terapeuta, se menciona que algunos
terapeutas no pueden cambiar de nivel. Este terapeuta
“estancado” puede realizar tareas limitadas, si el
ambiente clínico lo necesita. Sin embargo, se pretende
que los terapeutas maduren hacia los niveles 2 y 3.
Desafortunadamente, pero en pro de la salud del ambiente
profesional y del mismo terapeuta, algunas veces se
necesita acompañar a alguien para que salga del campo
de trabajo.
Terapeuta
Nivel 2.
A continuación se presenta un resumen de las
características del terapeuta en el tiempo de la
adolescencia profesional, difícil por la motivación
fluctuante, atractiva por la búsqueda de la
independencia, por ser asertivo y menos imitativo:
·
Se concentra mas en el paciente.
·
Muestra abiertamente más conciencia,
frustración, confusión.
·
Puede aparentar ser menos avanzado que el
terapeuta del nivel 1.
·
Presenta incertidumbre.
·
Pierde motivación después de pacientes
difíciles y se atreve a revisarla.
·
Tiene conflictos de dependencia/autonomía
con el supervisor.
·
Es menos imitativo, más asertivo.
·
Tiende menos a demandar recomendaciones
concretas.
·
Articula un diagnóstico preciso del
paciente.
·
Esta más consciente de aspectos
culturales.
·
Utiliza enfoques teóricos eclécticos.
·
Observa y ubica mejor los aspectos éticos
.
Terapeuta
Nivel 3.
El terapeuta a nivel de madurez disfruta la calma
después de la tormenta de la adolescencia (Yalom, I.D.,
1983). ,
·
Tiene una comprensión más profunda del
paciente.
·
Comprende límites, no se siente
incapacitado por dudas.
·
Tiene motivación consistente a través del
tiempo.
·
Está fraguando un propio estilo
terapéutico.
·
Muestra creciente autonomía .
·
Tiene estabilidad en seis puntos:
Intimidad, fuerza, crecimiento
personal,
habilidades intelectuales,
altruismo.
·
No se defiende
·
Muestra un manejo apropiado de si mismo.
·
Capaz de cambiarse de carril.
·
Encasilla menos a los pacientes.
·
Acepta supervisor con distintas
orientaciones.
·
Se maneja con soltura desde la evaluación
a la conceptualización para llegar a la intervención.
·
Se maneja con perspectiva ética liberal o
amplia.
Bibliografía
Anderson, D.J. (1981). Perspectives on
Treatment. Hazelden Foundation: USA.
Kort, Elke (1998). Modelo de tratamiento
para la dependencia de alcohol y drogas. Revista de
Trabajo Social, 22:52-57. Universidad Nacional Autónoma
de México (UNAM): México.
Powel, D.J. (1993). Clinical Supervision
in Alcohol and Drug Abuse Counselling. Lexingtong Books:
New York.
Vient, L.M. (1973). The Para-Professional
in the Treatment of Alcoholism (A New Profession). Ed.
Staub, G.
Yalom, I.D. (1983). Inpatient Group
Psychotherapy. Basic Books: New York. |